Medio siglo en el Field: los arcos del Estadio Centenario

5/11/19 | Lecturas

En la Gran Bretaña de 1800 —y con raíces que se desvanecen en los siglos medievales— el fútbol era un entretenimiento violento y tumultuoso. Muy pocas cosas estaban prohibidas cuando, en los días de carnaval, parroquias, villas y pueblos enteros se enzarzaban en verdaderas y multitudinarias batallas campales en torno al balón. El origen del fútbol como hoy lo conocemos tiene su centro en la revolución industrial y en los ferrocarriles que permitieron a los colegios británicos celebrar encuentros deportivos. Las primeras reglas escritas del fútbol nacieron en esas ocasiones.

Las leyes de Cambridge de 1848 indicaban que un gol se consideraba anotado cuando la pelota pasaba entre dos postes verticales unidos por una cuerda, sin ninguna mención al alto o al ancho de la portería. La referencia escrita más antigua acerca de la distancia entre un poste y otro data de 1863, año de la creación de la Asociación Inglesa de Football, y el acuerdo sobre la medida entre el suelo y el límite de altura máximo por el que un gol podía considerarse anotado se concretó en 1872, cuando se introdujo el travesaño entre ambos postes.

Desde el origen los arcos han sido el centro de gravedad de todo encuentro futbolístico, y hacia ellos se dirigen los jugadores, el balón y las miradas. Cada cancha tiene los suyos, y algunos, además de testigos privilegiados, se convierten en protagonistas. Así sucedió con el par de arcos de uno de los más legendarios templos del fútbol mundial, los del Centenario de Montevideo, que tras cuarenta y cuatro años al pie de las Tribunas Ámsterdam y Colombes, y cargados de historia futbolística, se despidieron del Field el pasado miércoles 18 de septiembre. Allí se erigieron, firmes en su tarea, desde 1974 hasta el año pasado, fecha en que fueron sustituidos por nuevas porterías de acuerdo a las últimas indicaciones de la FIFA.  En su origen ellos mismos también habían cumplido la función de estar al día con los reglamentos del fútbol internacional, pues fueron los primeros arcos del Centenario realizados en caño galvanizado, en sustitución de los tradicionales postes cuadrados construidos en madera.

 

 

Espectadores de innumerables triunfos y derrotas, estos arcos estuvieron en la cancha cuando el Club Nacional de Football alzó la Copa Libertadores en 1980 y 1988 y cuando el Club Atlético Peñarol hizo lo propio en 1892 y 1897. Vieron a la Selección Uruguaya vencer en la Copa de Oro de Campeones Mundiales de 1980, y permanecían en sus puestos, aún, cuando la Celeste levantó la Copa América en los años 1983 y 1995.

“Sufrieron goles inolvidables, como el de Víctor Hugo Diogo en la Copa América de 1983; los del Chengue Morales en el Repechaje ante Australia para volver al Mundial en 2002 luego de dos ausencias consecutivas; el del Chino Recoba de tiro libre y en la hora en un clásico para dar vuelta un partido que tres minutos antes estaba perdido; los siete tantos de Fernando Morena en 1978 frente a Huracán Buceo; y el triunfo clave de la Celeste después que el «Manteca» Martínez batiera a Taffarel en el arco de la Colombes para anotar el penal definitivo, mismo arco en el que Pablo Bengoechea había clavado el 1-1 con un soberbio tiro libre.”

Así destacó los hechos el suplemento deportivo Ovación del diario El País en ocasión de la retirada de los legendarios postes, que se yerguen hoy en Zorrilla Subastas a la espera de un nuevo suelo desde donde, sin duda, seguirán irradiando la memoria que han acumulado en este casi medio siglo de historia.

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