Parapetados a la francesa: Montevideo y el “Sitio Grande”

20/07/20 | Lecturas

En una lejana mañana de verano de 1843, a la par del canto del gallo que anunciaba el comienzo de un nuevo día, por sobre los campanarios de la Matriz el estruendo de veintiún cañonazos atravesó el cielo montevideano. El anuncio llegaba desde el Cerrito de la Victoria: tras la feroz batalla de Arroyo Grande, y al frente de un ejército de siete mil de orientales blancos y federalistas argentinos, el Gral. Manuel Oribe había cruzado el Río Uruguay y, ya en las puertas de la capital, anunciaba que a partir de entonces Montevideo era una plaza sitiada.

La advertencia vino acompañada de otra: en su lucha contra los “salvajes unitarios” y colorados que resistían en Montevideo, para el ejército sitiador no habría diferencias entre orientales y extranjeros, y el fusilamiento —cuando no las cruentas historias de degüellos que se propagaban en la copiosa prensa capitalina— sería la respuesta que por igual cabría para todos.

Para Montevideo, cuyos últimos caseríos no iban más allá de la actual callé Rondeau, y que rápidamente se aprestó a desenterrar los antiguos cañones coloniales que, mudados de profesión, oficiaban por entonces como postes en las esquinas, no era un mensaje menor: de las treinta mil personas que la habitaban, apenas un tercio habían nacido en el país. Los restantes, la mayoría, entre europeos, argentinos y africanos, eran extranjeros. Y sobre todo eran franceses.

Lote 171: fusil de parapeto francés utilizado durante la Defensa de Montevideo en la década de 1840.

«¿Sabéis lo qué es Montevideo? Es una ciudad francesa, de cultura francesa, de gente francesa. ¿Sabéis quiénes gobiernan Montevideo? Jóvenes muy distinguidos, educados a la francesa”, informaba a sus compatriotas galos el entonces ministro Adolphe Thiers, en una descripción que sin duda trae a la memoria la personalidad de Melchor Pacheco y Obes, figura notable del gobierno de la Defensa.

Montevideo, en manos de aquellos “jóvenes muy distinguidos”, se veía a sí misma como bastión de libertades y de civilización, y esta visión se reflejaba en París, que apoyó la causa, que también era la suya. A la par que los italianos residentes en Montevideo, comandados por el legendario Giuseppe Garibaldi, los franceses hicieron lo propio al frente de otro aventurero, el Gral. Thiebaut. Así se conformaba el ejército colorado que defendía la ciudad: cinco mil hombres, provenientes de todos los estratos y condiciones, de los que la mitad eran franceses.

Todos ellos han abandonado hace mucho las tierra que una vez defendieron. El paso de los hombres, sin embargo, deja siempre una huella. Tal es el caso de la pieza que presentamos en subasta el sábado 8 de agosto de 2020, lote 171: el histórico fusil de parapeto, arma que, como nos ilustra el Dr. Juan Nin Ferrari, y según tradición oral de Horacio Arredondo y Gómez Haedo, habría sido aportada por Francia y su legión para la resistencia de la ciudad de Montevideo.

Veinticinco años luego de concluida la Guerra Grande y el sitio de Montevideo —“ni vencedores ni vencidos”— en 1876 se registraron, siguiendo el informe del Dr. Juan Nin Ferrari, cuatro armas de este tipo en el del depósito del Parque Central del Ejército. Hoy, más de un siglo y medio después, se conoce que un puñado de ellas aún reside en nuestro país, cuatro en museos del Estado y tres en colecciones privadas. Esta es una de ellas.

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